jueves, 25 de abril de 2013

UNAMUNO

"Obra de modo que merezcas a tu propio juicio y a juicio de los demás la eternidad, que te hagas insustituible, que no merezcas morir". Miguel de Unamuno

Departiré de un escritor-filósofo considerado como el máximo representante de la “Generación del 98”, Miguel de Unamuno y Jugo. Imaginemos a don Miguel con las perneras del pantalón abombadas por las rodillas, y su chaleco de lana hasta el cuello, haciéndolo así, lo estaremos viendo como realmente parecía.

Miguel nació el 29 de septiembre de 1864 en la calle Ronda de Bilbao. Al acabar sus estudios primarios en el Colegio San Nicolás, pasó al Instituto bilbaíno donde viviría la experiencia del asedio de la ciudad durante la Tercera Guerra Carlista. Sin embargo, fueron, quizás, los momentos más felices de su mocedad: se pasaba el día jugando y tras los bombardeos, entraba en las iglesias semidestruidas para juguetear entre sus naves. Sobre todas estas peripecias, confeccionaría años después su primera novela “Paz en la Guerra”; pero todavía no es el momento de hablar de su obra…

En septiembre de 1880 se matricula en la Universidad de Madrid para estudiar Filosofía y  Letras. Al cumplir diecinueve años, finaliza sus estudios con la calificación de sobresaliente. En 1888 oposita a la  cátedra de Lengua Griega en la Universidad de Salamanca que obtiene en primera instancia. En 1901 sería elegido rector de dicha Universidad. Toda su vida fue crítico de los distintos regímenes políticos en los que vivió, y, como consecuencia de su oposición a la dictadura de Primo de Rivera, fue desterrado a Fuerteventura; de allí logró escapar y se exilió voluntariamente a Hendaya (Francia). Tras la caída del dictador, vuelve triunfalmente a España y fue diputado durante la II República. Siempre fue rebelde, y no encontró nunca la paz atormentado por dudas religiosas y existenciales, su vida tuvo una gran actividad intelectual de incesante lucha con su propio ser.

martes, 16 de abril de 2013

TERRORISMO DE SALÓN

"Cuanto más se prolongue la violencia, tanto más difícil les resulta, a aquellos que la han empleado, encontrar la forma de realizar actos compensatorios no violentos. Se crea una tradición de violencia y los hombres aceptan escalas de valores, de acuerdo con las cuáles los actos de violencia se computan como hechos heroicos o virtuosos". Aldous Huxley

Las víctimas del terrorismo son siempre víctimas. No importa en qué lugar del mundo o bajo qué bandera mueran. En el dolor extremo no hay grados: ni se puede morir más, ni se puede morir menos. 

Matar a otro ser humano o emplear con él la violencia extrema, es sencillamente algo execrable, especialmente cuando se lleva a cabo desde la premeditación, la frialdad y una actitud despiadada. La finalidad del terrorismo y del terrorista no es otra más que la de aterrorizar a una sola persona, a un grupo o a toda una sociedad, para tratar de obtener por medio de la coacción y el terror lo que las urnas, las leyes o la razón no les conceden. Con frecuencia los objetivos son además inconfesables y pasan por algo tan miserable y material como el dinero, o tan mezquino como el poder, el odio o el partidismo político. Nada justifica semejante forma de actuar; nada es tan contrario al bien común, ni vale tanto, como la vida de un sólo ser humano. 

Más allá de la propia conducta criminal de los asesinos que llevan a cabo los actos de terrorismo, quienes defienden, amparan, toleran, apoyan o participan -aunque sea indirectamente- de forma activa o pasiva en semejante indignidad, merecen igualmente el más firme rechazo social y la acción implacable de la justicia. También los que incitan a ello desde las brumas subjetivas de su razón o la supuesta bondad de una causa que, sin saberlo o premeditadamente, les lleva a terminar deambulando, ebrios de torpeza, sobre esa delgada línea invisible, pero presente, que separa la armonía y la convivencia pacífica del caos y la guerra. Son terroristas de red social, de calles incendiadas y asaltos al Congreso; terroristas de salón. De guante blanco. Terroristas de insultos y amenazas; de acoso disfrazado de "escrache". De conciencia ausente.

sábado, 6 de abril de 2013

¡VIVE!


"En el sentimiento del amor existe algo singular capaz de resolver todas las contradicciones de la vida y de dar al hombre aquella felicidad total cuya consecución es el fin de la vida".
León Tolstoi

La descomposición de nuestra sociedad es el resultado de haber hecho de la incoherencia la norma, del egoísmo un motivo y del odio un voto.

Desde esa postura, hay quien convierte su vida en una reivindicación permanente en favor de un mal entendido concepto de libertad, sin darse cuenta de que, en realidad, ellos son los que se han convertido en esclavos de la sinrazón, de la mentira, del cinismo y hasta de su propia necedad. Sin darse cuenta de que la verdadera independencia es la que se consigue mediante el pensamiento crítico y la búsqueda permanente de la verdad, no en base a la que proporcionan las barreras físicas, idiomáticas, culturales o a través de la enajenación de un pedazo de tierra.

Olvidan, que promover la confrontación y recurrir a la violencia, al insulto o a la amenza, desautoriza moralmente aquello que reivindican. Olvidan que, en el mejor de los casos, la supuesta bondad de una determinada causa no es un argumento válido para obviar o llegar a omitir los aspectos éticos de nuestros actos. Olvidan, seguramente, que la sostenibilidad de nuestro bienestar personal depende de la consecución del bien común, de nuestro amor hacia los demás y que nuestro peor enemigo es, precisamente, todo ese egoísmo exacerbado. Solamente quien logra dominar al dragón del Yo hipertrofiado, empieza a descubrir la verdadera belleza de la vida y lo sencillo que puede resultar alcanzar la felicidad.

Vive y deja vivir. Vive y haz más fácil la vida a los demás. Vive y ayuda a que otros también puedan vivir con dignidad y desde la verdadera libertad... ¡VIVE!

Por Alberto de Zunzunegui